Santiago.- Hay prospectos que llegan a los entrenamientos a cumplir con un libreto; otros, como Chris Suero, llegan a respirar la mística de una camiseta.
Con la madurez que dan los golpes del camino y la ilusión intacta de un muchacho que conoce sus raíces, la joven promesa de la organización de los Mets de Nueva York ya se enfundó la chaqueta de las Águilas Cibaeñas para dejar claro que su compromiso trasciende los números.
Tras una electrizante temporada en el sistema de ligas menores —donde lució su chispa con 18 cuadrangulares, 51 carreras remolcadas y una constante agresividad con 37 bases robadas—, Suero, de 22 años, pisó el césped del Estadio Cibao con una actitud notablemente más aplomada.
»Esta vez vengo un poco más relajado; el primer año (2024) me dio la experiencia y ahora venimos a meter mano, con el favor de Dios», confesó con una sonrisa franca.
Aunque nació y se crió en el Bronx —ese rincón neoyorquino que bromea con ser «otra provincia dominicana»—, para Chris el Cibao nunca fue un mapa ajeno. Gracias al empeño de su madre por mantener viva la chispa familiar con sus viajes a la isla y el ambiente latino con el que creció, el llamado a vestir la franela amarilla le resulta tan natural como el aire que respira.
Esa gran conexión se nota cuando habla de su perfil sobre el terreno. Como bateador derecho de fuerza y versatilidad defensiva —capaz de ponerse los aperos de receptor, patrullar los jardines o defender la inicial—, Suero encarna la clase del pelotero de entrega total, recordando la tradición de hombres aguerridos que han corrido las bases con la garra histórica de la franquicia.
»Yo muero en este terreno», afirma sin titubear. «A los fanáticos les digo que se preparen, porque cada vez que me den la oportunidad voy a dar un show. Vengo a entregarlo todo donde el dirigente me necesite».
Más allá del talento multifacético y la proyección en Doble-A con el equipo Binghamton Rumble Ponies, finca de los Mets de Nueva York, lo que realmente ha cautivado al versátil jugador en sus primeras horas de prácticas es el calor humano en el camerino aguilucho:
»Aquí hay una hermandad. No hay rangos; todo el mundo se trata igual y se respira una química especial».
Con la fe puesta en el Creador y la determinación en la mirada, Chris Suero le envía un mensaje cargado de fe a la gran masa de fanáticos que sueña con el campeonato:
»Este año es de nosotros, con el favor de Dios».